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Title: Niquitao la calle de los submundos.
Author: Cárdenas Velásquez, Diana Alejandra
Issue Date: 15-Nov-2005
Advisor / Validator: Parra Díaz, Anibal
Keywords: Niquitao (barrio colon, Medellín, ant.)
Historias de vida
Sociología urbana
Violencia
Medellín
Description: Pasar en un bus por la calle 44 y que los semáforos estuvieran en rojo era una gran oportunidad para observarlas calles profundas y estrechas del sector Niquitao. Y digo gran oportunidad porque se considera un sector peligroso e inseguro de la ciudad de Medellín y quizás, eso era lo que no me había permitido recorrer sus calles. Otro momento para que mi mirada penetrara en este sector, era cuando el Circular Coonatra se estacionaba en la calle 41, llamada los Huesos. Sin embargo, las miradas momentáneas sólo me permitían ver un panorama general del lugar, con el que llegaba a la conclusión que el sitio lo habitaban personas que estaban cargadas de historias, mitos, y anécdotas para narrar, por los estilos de vida que se refleja en ellos. Otra visión más cercana que tuve del sector fue cuando hice una investigación en el año 2002 sobre el cementerio San Lorenzo, ubicado en el barrio Colón, que limita con Niquitao, a unas pocas cuadras de allí podía analizar a los niños jugado, adultos trabajando, y mujeres que iban y venían por sus calles, etc. Dos años después de hacer el reportaje sobre el cementerio San Lorenzo y de pasar mil veces por las calles que bordean Niquitao, puede finalmente encontrar quién me acompañara y me diera el respaldo que necesitaba, para transitar por las cuadras del sector y recoger fuentes , necesitaba de alguien que me recomendara con los habitantes para entrar en sus hogares ya que muchas de las personas tiene delitos y se esconden allí por lo tanto piensan que uno va es a investigar para luego delatarlos con la ley, o simplemente no les gusta contar sus vidas. En el año 2004 trabajaba como realizadora del programa de la Asamblea Departamental Actos y Decisiones transmitido por Teleantioquia, su objetivo era netamente político, así que, en ningún momento se me pasó por la mete que por medio él conocería a Sofía Henao la directora de la fundación La Fraternidad, ubicada Niquitao. Antes de iniciar el trabajo de campo para la investigación, realicé visitas momentáneas a la fundación, con el fin de enterarme un poco de lo que podía ser Niquitao. Los primeros días sentía miedo y desconfianza de todo aquel que se me acercaba, miraba a la gente y en todos veía algo malo, pasaba una muchacha y automáticamente pensaba: esta debe ser prostituta o “carrito”1 (se le dice así a las personas que transportan la droga de un lado a otro en el mismo sector), veía a un joven y me imaginaba “ ese debe ser matón”, me va atracar. En fin a todas las personas las relacionaba con algo negativo. La prevención que sentía hacia las personas no sólo llegaba a mi mente por el hecho de haber escuchado que allí hay prostitutas, ladrones, niños abandonados, promiscuidad, drogadicción, entre otras cosas , sino, porque con los días me di cuenta de que las mujeres de Niquitao prefieren las horas nocturnas para trabajar en las calles de Medellín , los jóvenes abandonan sus estudios con el fin de conseguir dinero por encima de lo que sea, roban, matan y en algunos casos vender confites en las rutas de buses de la ciudad, porque según ellos es “ mejor parche” que ir al colegio. Los niños usan palabras fuertes y en ocasiones les toca comportarse como adultos, cuidar a sus hermanos, trabajar y responder por el oficio de la casa. Este panorama fue lo que primero observé del sector, sin embargo con el tiempo fui conociendo a otras personas que no pertenecen a este círculo que caracteriza a Niquitao. En su mayoría son ancianos y llevan en sus mentes recuerdos e historias de lo bohemio que fue este sector de Medellín. Hombres y mujeres a los que el pasado les ayuda a enfrentar el presente. Allí en Niquitao siguen evocando a sus familias, amigos y lugares que hicieron carrera en la historia de la ciudad. Después de recorrer por varios meses las calles de Niquitao, pensaba que ya no necesitaba la compañía de unos de sus habitantes para caminar por las aceras, los niños que había conocido en la Escuela de las Carralejas me saludaban de pico y abrazo, algunos jóvenes que me “distinguían” decían: “hola mona hoy si me toca la entrevista”. En ocasiones fui invitada a almorzar por las señoras del “barrio”2, en fin, fueron una serie de detalles que me hicieron sentir tranquila en Niquitao. Cualquiera podría estar pensado que llegué con muchos paquetes en mano y repartiendo dinero, pero no, fue sólo el hecho de haberme sentado a conversar con la gente, dejar el miedo a un lado y ver en ellos sus anhelos y fantasías, por encima de los estereotipos. Para mí ir a Niquitao se había convertido en una responsabilidad, no solamente por el trabajo de reportaría, si no porque los entrevistados o conocidos me comprometían, ya fuera para tomar el algo o para que les escuchara sus historias, porque para muchos era novedoso escuchar después de la entrevista su voz en una grabadora, “me la deja escuchar por última vez”, decían algunos después de haber oído la entrevista varias veces. Entonces, era Niquitao el tema de conversación con todos mis amigos, les contaba resumidamente las historias con el fin de transmitirles todo lo que yo estaba viviendo, pero por más que les explicara el por qué de la vida que llevan estas personas, no les dejaba de causar impacto e interrogantes “¿y eso es en dónde?” Preguntaban algunos, yo les respondía: en Niquitao, lo que generaba más asombro “¿de Niquitao?, ¿ese hueco?, ¡mucho cuidado!” me decían. Era en aquellos momentos de tertulia, de tranquilidad, en los que confirmaba que la historia de Niquitao se había convertido en un imaginario para los medellinenses, en el que solamente se sabe de las muertes y delitos diarios cometidos en el lugar, pero no de lo hay detrás de los muros averiados por el tiempo, tablas simulando puertas y ventanas sin vidrios. Para entones comparaba los comentarios de las personas que sólo hablaban mal con el argumento de “ una amiga o amigo me contó”, contra lo que me narraban las personas que habitan el sector, por lo tanto al convertirme en una oyente de las historias, me convencí de que Niquitao es un submundo que está compuesto por niños, jóvenes, adultos y ancianos, todos con proyecciones de vida diferentes. Fueron diez meses constantes de visitas a Niquitao, los primeros días me transportaba en taxi con el fin que me dejara en la puerta de la casa hacia donde iba, pero con el tiempo me movía por sus calles “como pedro por mi casa”. Estar libremente en el sector y caminar con tranquilidad fue trabajo de unos tres meses. Tres meses de ir, conversar con la gente, contar que era un trabajo periodístico, convencerlos de que yo no estaba buscando información para delatar a nadie con la policía y ganarme la confianza de quienes serían los entrevistados. Es por ello que las historias narradas continuación en esté reportaje literario, muestran al lector cómo se ha convertido Niquitao varios submundos, que conforman el negocio de la droga, la mendicidad y la pobreza de un sector del Área Metropolitana de de Medellín. Don Julio, Emilse, Orquídea, Manuel y Robinsón son habitantes de Niquitao. Cada uno tiene una vida diferente. Sin embargo el arraigó y los recuerdos hacen de Niquitao un común denominador para ellos.
Program: Administración de Empresas
Headquarters: Medellín
Publisher: Universidad Cooperativa de Colombia, Facultad de Ciencias Económicas, Administrativas y Contables, Administración de Empresas, Medellín y Envigado
Type: Trabajos de grado - Pregrado
Citation: Cárdenas Velásquez, D. A. (2005). Niquitao la calle de los submundos. (Tesis no publicada). Universidad Cooperativa de Colombia. Medellín, Colombia.
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